18.8.12

En la eterna encrucijada

Me encuentro a mí mismo. Lo suelto todo. Me largo.
Mi piel se desprende a cada paso que doy.
Cada paso que me acerca más a Ella.
Me encuentro a mí mismo. No alcanzo a entender la rabia, el dolor, la pasión.
Solo queda la esencia de lo que fue. Lista para envestirse de nuevas prendas. Nuevas prendas que permitan un nuevo comienzo. El mismo encuentro de otra manera.
Grita, para que así puedas escucharte en esta ciudad llena de ruido.
Nunca olvidaré el día que te conocí. El día que te conocí por siempre. Y ese día duró veintitrés mil horas. Aprendí a amar, a enamorarme y al final aprendí a luchar. Aprendimos a amarnos a la luz del Sol que nace en el Country y muere en el Tepeyac. Aprendimos a andar de la mano, a recorrer la ciudad, a reconocer nuestros rostros en cada casa, cada muro, cada corredor. Aprendí a no necesitar más que la luz de tus ojos. Cuando tus ojos me guían no necesito más.
Y después de tantas horas, tantos desvelos, tantos insomnios, la tela está hecha jirones. Tantos 'te extraño', tanto buscar en pechos desconocidos, tanto morir en sueños etílicos.
Hoy todo nos conduce al mismo destino. Tantos tantos no pueden terminar siendo nada. Todos nos llevan a la misma encrucijada.
Espero a que se dibuje el horizonte en tu silueta. En la eterna y solitaria encrucijada.
Se hace tarde y tú no llegas.

0 comentarios:

Publicar un comentario