¿Quién lleva la cuenta?
La inquietud por la certeza de un futuro apacible y soñado siempre termina por carcomer las oportunidades que se presentan para lograrlo.
Todo es ella, pero no por ella.
A una semana lo esperado no superó la realidad.
Se queda corto, pero no me quejo.
No al fuego que carcome y hiere las paredes de mi templo.
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