Es un viernes nublado pero sin ánimos de lluvia en el que la ciudad se reporta
un tanto tranquila. Poco tráfico y el que hay se puede evitar gracias a las
redes sociales. Después de estacionarme subo a la plaza. Ante mi se abre el
centro de Guadalajara y me asombra el ver a tantas personas pasando su día
sentados en la plaza, algo a lo que no estoy acostumbrado. Vendedores de
comida, vendedores de juguetes, niños, parejas jóvenes y parejas de personas
mayores, grupos de amigos. Todos y yo.
Empiezan a surgir las dudas: ¿cómo empezará? ¿Cómo transcurrirá? ¿Cómo
terminará?
Encuentro a mi compañero y decidimos caminar hasta nuestro destino. Rápidamente caemos en la cuenta que estudiamos la misma carrera y con eso surge una plática bastante espontánea. Caminamos, dimos la vuelta y llegamos a la plaza del Mariachi donde nos esperaban nuestros compañeros. Es un estrecho corredor que ocupaba un pequeño espacio entre dos calles, alrededor había restaurantes con mucha tradición, puestos de venta de guitarras y trajes de Mariachi, algunas cantinas y al centro un espacio reservado para tomar y comer con vista a un escenario para escuchar Mariachi. De pronto nos asediaron los meseros de distintos lugares y comenzaron a disputarse nuestro dinero. Creo que nos abrumaron tanto que decidimos entrar al espacio que estaba al centro. Como tenía pinta de estar muy destinado a los turistas sabía de antemano que iba a resultar un poco cara la salida pero no me importó con tal de conocer un poco más.
Al momento de sentarnos se acercó un Mariachi con una pequeña guitarra de la que ignoro su nombre, e insistió demasiado en tocarnos una canción. Nosotros decidimos declinar su propuesta pero siguió parado a mi lado un rato y luego se fue. Decidimos ordenar una cerveza. Lo que nos pareció un poco raro es que el mesero no sabía qué cervezas tenían. Preguntó: -¿qué cerveza quieren? Tenemos Corona, Modelo…eh, bueno, ¿cuál les gusta?-. Eso no nos dio mucha confianza por lo que prefería ordenar una Corona. Gustavo, un compañero, preguntó si tenía cerveza Pacífico. El mesero no supo decirle y fue a preguntar. Cuando volvió dijo que lo único que tenían era cerveza “Pacífica”. Nos pareció tremendamente extraño, por lo que todos optamos por una cerveza Corona. No creí correcto que me dieran la cerveza ya abierta y con un limón en la boquilla pero no había ido a quejarme y reclamar de todo. Mi encuentro con el Otro no ocurrió con personas muy distintas a mí. Ocurrió con mis compañeros debido a que no los conocía y fue agradable entablar una conversación con ellos.
Encuentro a mi compañero y decidimos caminar hasta nuestro destino. Rápidamente caemos en la cuenta que estudiamos la misma carrera y con eso surge una plática bastante espontánea. Caminamos, dimos la vuelta y llegamos a la plaza del Mariachi donde nos esperaban nuestros compañeros. Es un estrecho corredor que ocupaba un pequeño espacio entre dos calles, alrededor había restaurantes con mucha tradición, puestos de venta de guitarras y trajes de Mariachi, algunas cantinas y al centro un espacio reservado para tomar y comer con vista a un escenario para escuchar Mariachi. De pronto nos asediaron los meseros de distintos lugares y comenzaron a disputarse nuestro dinero. Creo que nos abrumaron tanto que decidimos entrar al espacio que estaba al centro. Como tenía pinta de estar muy destinado a los turistas sabía de antemano que iba a resultar un poco cara la salida pero no me importó con tal de conocer un poco más.
Al momento de sentarnos se acercó un Mariachi con una pequeña guitarra de la que ignoro su nombre, e insistió demasiado en tocarnos una canción. Nosotros decidimos declinar su propuesta pero siguió parado a mi lado un rato y luego se fue. Decidimos ordenar una cerveza. Lo que nos pareció un poco raro es que el mesero no sabía qué cervezas tenían. Preguntó: -¿qué cerveza quieren? Tenemos Corona, Modelo…eh, bueno, ¿cuál les gusta?-. Eso no nos dio mucha confianza por lo que prefería ordenar una Corona. Gustavo, un compañero, preguntó si tenía cerveza Pacífico. El mesero no supo decirle y fue a preguntar. Cuando volvió dijo que lo único que tenían era cerveza “Pacífica”. Nos pareció tremendamente extraño, por lo que todos optamos por una cerveza Corona. No creí correcto que me dieran la cerveza ya abierta y con un limón en la boquilla pero no había ido a quejarme y reclamar de todo. Mi encuentro con el Otro no ocurrió con personas muy distintas a mí. Ocurrió con mis compañeros debido a que no los conocía y fue agradable entablar una conversación con ellos.
Por lo tanto, emprendí otra
salida para buscar un encuentro con otro Otro.
Acudí el domingo a la arena coliseo de Guadalajara a presenciar la Lucha Libre en un ambiente familiar. Esta vez acudí solo. Observé que va todo tipo de público y que los niños se emocionan mucho con el espectáculo. Pude notar que se cuidan mucho los valores. Se reprueba mucho la injusticia y la trampa. Los niños y los adultos mayores son las personas que se emocionan más e incluso piden autógrafos.
Acudí el domingo a la arena coliseo de Guadalajara a presenciar la Lucha Libre en un ambiente familiar. Esta vez acudí solo. Observé que va todo tipo de público y que los niños se emocionan mucho con el espectáculo. Pude notar que se cuidan mucho los valores. Se reprueba mucho la injusticia y la trampa. Los niños y los adultos mayores son las personas que se emocionan más e incluso piden autógrafos.
Las dos peleas acabaron por
un “foul”; le dieron un golpe a un integrante de un equipo en sus partes
íntimas. Y una señora que estaba sentada delante de mi gritaba tratando de
denunciar este acto. Su esposo se limitaba a tomar agua de una botella de agua
y sonreir de vez en cuando cuando su esposa gritaba alguna palabra altisonante.
Él solo la dejaba estallar en una ira que no puedo acertar a concluir si era
verdadera o no.
Alcancé a notar que en todas las peleas se da una batalla entre el bien y el mal. Se alcanzan a reconocer estos bandos porque siempre hay un equipo o persona que toma ventaja sin respetar las ‘reglas’ sobreentendidas de la arena. Y en el otro equipo existen actos de camaradería un poco más marcados.
Alcancé a notar que en todas las peleas se da una batalla entre el bien y el mal. Se alcanzan a reconocer estos bandos porque siempre hay un equipo o persona que toma ventaja sin respetar las ‘reglas’ sobreentendidas de la arena. Y en el otro equipo existen actos de camaradería un poco más marcados.
En esta experiencia, sí
siento que acudí a un encuentro con Otro. Y lo mejor es que no perdí nada de
esta experiencia porque acudí solo. Me gustó mucho el lugar por el respeto a
las reglas que se fomenta y porque sirve como una válvula de escape para la
sociedad.
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